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El crimen de una estudiante es resuelto 28 años después, gracias a una lata de Coca-Cola

Al momento de ser violada y posteriormente asesinada, en 1989, Mandy Stavik tenía 18 años de edad. Era una alumna ejemplar: jugaba al básquet y al softball; tocaba la flauta, el clarinete y el saxo; y hablaba japonés y leguaje de señas. Según narraron sus profesores, se destacaba en cada actividad y tenía un futuro promisorio por delante.

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El año en que murió, había comenzado a estudiar en la Universidad de Central Washington. Viajó de regresó a su hogar, en la ciudad de Acme, para celebrar el Día de Acción de Gracias junto a su familia. Un viernes, durante las primeras horas de la tarde, Mandy salió a correr junto a su perro Kyra. Cuando ya comenzaba oscurecer, el perro regresó a casa solo.

A dos días de que la policía comenzara a buscarla, descubrieron sus pantalones en una región boscosa. Veinticuatro horas después, hallaron su cuerpo flotando en el río Nokksack, a unos 5 kilómetros de su casa; estaba casi totalmente desnuda, con excepción de sus zapatillas y medias, aún puestas.

Los análisis forenses determinaron que había muerto ahogada y que tenía un fuerte golpe en la parte posterior de la cabeza. Además, sobre su cuerpo detectaron restos de semen, que preservaron como evidencia para una investigación que siguió más de 7 mil pistas distintas, a lo largo y ancho de los Estados Unidos.

Una a una, las pistas fueron cayendo. Sin embargo, hubo una que perduró en pie durante casi dos décadas: los investigadores se presentaron en la sucursal de Franz Bakery Outlet, panificadora local, para buscar información acerca de las rutas asignadas al distribuidor Timothy Bass.

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Si bien no había formado parte de la lista original de sospechosos, cuando la policía quiso pedirle un examen de ADN para descartar cualquier sospecha, el hombre se negó. A esto se sumaron otros datos, como que había comenzado a asistir a los partidos de básquet femenino en donde participaba Mandy y que su casa se situaba en la ruta por donde ella salió a correr.

Cuando los empleadores de Bass se negaron a dar cualquier información sin una orden judicial, la ayuda de una empleada de la panificadora fue crucial. En agosto de 2017, la mujer esperó hasta que el sospechoso terminara de beber una lata de Coca-Cola que arrojó al cesto de basura. Entonces la recogió y envolvió cuidadosamente en una bolsa plástica.

Esa fue la prueba que permitió a la policía cotejar el ADN de los rastros de saliva y el de las muestras de semen halladas en el cuerpo de Mandy, que resultaron coincidentes. En diciembre de 2017, Timothy Bass fue arrestado por la violación y homicidio de Mandy Stavik.

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Fuente e imágenes: Infobae.com